Infinitamente

Sin ustedes, vivos y muertos, no sería lo que soy, Universo

jueves, 5 de agosto de 2010

las Niñas/Mujeres de los Setenta

Barrían la casa, barrían el alma, barrían a uno.
Tenían los pechos, color nubes sagradas, delante del sol; los ojos, en el rostro de Dios. Estaban lejos de hacer el amor, y si lo hacían, resoplaba el tambor de la tierra gritando, bendición...

Olí los Sesenta; galopé en los Ochenta. Todas fueron distintas. Díganmelo a mí que las vi crecer, porque nací en medio de ellas; sentí cuando los aires se llenaron de su perfume de mujer. Eran adolescentes, mujeres y madres, hasta de sus madres...
A los 30 eran la gloria del mundo; hacerles el amor a los 40 era como nadar en el mar de lo más seguro.
Caminaban embarradas de cosas concretas. Iban a misa y tendían la mesa al mismo tiempo. Se encendían contigo y apagaban el fuego si sabían que para la vida no valías un comino. Claro, es lo que hicieron conmigo.

Pero yo las bendigo; por ellas imploro al Crucifijo. Agradezco haber nacido. Ya que sólo el haberlas conocido, dio a toda una década, el más
delicioso sentido.

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